Vivir sencillamente II

Antes de empezar, os quiero dar las gracias por la acogida del último post. Esto me ha animado para seguir ahondando en este tema tan interesante para mí. Creo que me dejé algunas cosas en el tintero que también me han ayudado a mí a conseguir una vida más sencilla.

Uno de los grandes secretos de la vida: Estar abierto a APRENDER Y A CAMBIAR

“Yo soy así”, “A mi me han enseñado así”… Nos cuesta mucho cambiar, esto es una realidad. Es muy difícil deshacer nuestros esquemas mentales que nos han acompañado años y años. Pero, abrir nuestra mente y dejar entrar aires nuevos, es algo muy positivo. Yo diría que esto es uno de los grandes secretos de la vida. Para poder avanzar y empezar una vida sencilla basada en lo realmente importante, hay que estar dispuesta a aprender.

Escuchar otros puntos de vista, ser humilde para darnos cuenta que tenemos mucho que aprender, no juzgar a quien no conocemos, ser tolerante frente a lo desconocido.. Todas estas cosas nos abrirán al cambio y a empezar a vivir de otra forma, sin miedos, sin inseguridades, sin superficialidades.

Decir “no lo sé, pero me interesa, explícamelo!” o “pues yo siempre había pensado que lo correcto era hacerlo así pero tal vez existan muchas más formas” es mucho más enriquecedor que quedarnos solamente con lo nuestro. ¡No podemos saber de todo!

Y es que, normalmente, detrás de una persona austera, hay una persona abierta a cambiar, hay una persona curiosa que busca simplificar para encontrar lo importante.

Empezar el cambio haciéndonos preguntas

Yo empecé con mi transformación haciendo muchas reflexiones y preguntas. “¿Para qué he venido a este mundo? ¿La vida trata de seguir una rutina y ya o a trascender de alguna manera? ¿Trabajamos duro para comprar cosas materiales y tapar la dolorosa realidad de que apenas tenemos tiempo? ¿Podemos alcanzar la felicidad si no somos capaces de despojarnos de tanto exceso?

A medida que van pasando los años, me he ido haciendo más preguntas y buscándole un sentido bonito a nuestra existencia. No quiero vivir una vida centrada en lo superfluo, en el éxito social o material, en las falsas necesidades que nos hemos creado.

Lo que quiero es vivir una vida de aprendizaje constante, de autoconocimiento, de felicidad plena y diaria. Una vida rodeada de amor y empatía y una vida cerca de la naturaleza. No tengo otras pretensiones, aunque en realidad, esto me parece enorme.

¿Qué buscas tú?

Poco a poco..

Para vivir de forma más sencilla, hay que ir introduciendo pequeños cambios, hay que ir poco a poco.. Yo tengo muchos cambios más todavía por hacer, no todo se puede hacer a la vez.. Algunos podéis acercaros más a la naturaleza, otros empezaréis a comprar de forma más consciente y sostenible, otros lo haréis aligerando vuestra casa, otros cambiando el coche por la bici, otros por no asistir a ese evento al que no os apetece ir..

Lo importante es empezar con algo y cada vez serán más cosas y será más fácil.. Y poco a poco, estaréis encontrando el verdadero sentido de la vida. Porque estaréis quitando capas y capas para llegar al epicentro de todo. Y esto es una auténtica maravilla.

El que se enfada pierde

“El que se enfada pierde”. Esta frase es de mi marido y yo antes pensaba que era una tontería. Pero no lo es, ahora se ha convertido en una especie de mantra para mí. Con los años, he aprendido a enfadarme muchísimo menos, en realidad casi casi nunca.. y si lo hago, he aprendido a que se me pase sin mucho drama. Puede parecer mentira pero no lo es.

He aprendido a decir lo que no me gusta de otra forma, más calmada y con más amor. Pensando en lo bueno y en algo que leí de Rafael Santandreu: “No ha recogido la cocina y eso que se lo he dicho. Bueno, tenía que haberlo recogido y se lo comentaré. Pero es humano, no es perfecto. Y tiene tantas cosas buenas que me hacen feliz…” Decir las cosas desde la serenidad llega más.

Detrás de nuestros enfados suelen haber inseguridad, desequilibrio emocional. Nuestra susceptibilidad y nuestro ego nos alejan de la vida sencilla ya que perdemos tiempo y energía en algo que no nos hace bien.

Y entonces no nos centramos en otra de las claves para vivir sencillamente: ser amable y sonreír mucho y a mucha gente. A gente que conocemos y que no conocemos. La sonrisa nos acerca a lo importante, nos abre la puerta a las buenas relaciones, a las relaciones sanas. Y relacionarse bien, rodearse de gente que nos aporta y a la que podemos aportar es fantástico. ¡Sonriamos mucho todos los días!

Espero que os haya gustado! Gracias desde el fondo de mi corazón por leer este post!